“El caso de la botella”.

Muchas veces, cuando estoy en consulta, me gusta poner el ejemplo de la botella. Este ejemplo consiste en que, imaginando una botella con menos de medio litro de agua, algo que en principio es bastante cómodo de sostener con una mano, si nos propusiésemos sujetar esta botella durante un minuto, notaríamos que nuestra mano se resiente.

Si además, nos proponemos soportarla durante cinco minutos, ya el brazo podría llegar a dolernos…. Pero si nos planteamos llegar a sujetarla las veinticuatro horas del día, os puedo llegar a asegurar que ese peso, el que en principio era bastante soportable, se nos llegar a hacer, imposible de aguantar.
Esa botella, con ese peso objetivamente afrontable, es nuestro pensamiento, más concretamente nuestras preocupaciones, nuestros problemas…. A los que generalmente, creyendo que por una cuestión de sensatez, nos estamos obligando a sostener a veces, incluso días…
Sin embargo, basándonos en el símil de la botella, esto es un gran error. No sólo porque algunos de estos problemas, a veces, pueden no tener ni siquiera solución, sino porque además, nuestra mente que es la que llega a sujetar esa botella, se llega a desgastar de tal forma, que hacemos que ese peso se haga insoportable.
Por eso, os animo a que, cuando tengáis el problema que tengáis, no os empeñéis en estarle dando vueltas constantemente. ¡No os servirá de nada! Sin embargo, si aprendéis a dejarlos descansar, a apoyarlos en algún momento… cuando luego los retoméis, os va a resultar mucho más sencillo. Vuestro problema recuperará su peso objetivo .

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